Neolengua
Neolengua
Sin duda, estamos asistiendo a la creación de nuevas palabras y nuevas expresiones que trascienden el largo proceso de aculturación de neologismos derivados de la sabiduría popular que necesitan ser aceptados por el inconsciente colectivo para convertirse en parte incorporada del lenguaje escrito y hablado.
Desde conceptos como expresiones “políticamente correctas”, que despertaron su inmediata aceptación de la mano de influencers de las redes sociales.
Nuevas interpretaciones de viejas expresiones como: "calentamiento global", "machismo tóxico", "empoderamiento femenino", "feminismo", "elección sexual", "mi cuerpo, mis reglas", "no necesito un hombre", “la ropa no hace el personaje”, pronto ganó significados opuestos al abordar el mismo fenómeno con connotaciones y denotaciones opuestas según quién hace la lectura y su aplicación.
Las palabras fueron prohibidas y reemplazadas, ya que la palabra "pobre" fue reemplazada por "excluidas", las favelas se convirtieron en comunidades populares; palabras prohibidas expresiones consideradas peyorativas como persona homosexual, a partir de entonces se denomina políticamente correctamente como homosexualidad comportamental; introducida la relación homoafectiva para designar una relación homosexual legalmente asegurada, la aversión a la conducta homosexual se convirtió en una contravención homofóbica de género, ya que la binaridad sexual era desarrollado en matices denominados diversidades de conducta no binaria que representa la elección de una sexualidad diferente a la principal característica sexual fundamental determinada por la genética, pero determinada por una conducta social que determina una nueva identidad de género sexual.
Incluida la novedad del lenguaje neutro que, contrariamente a la tendencia de la diversidad de sexualidad abierta por la opción sexual, tiende en sentido contrario del comportamiento diverso y plural a la paradójica unificación del trato verbal a través de nuevos pronombres neutros, indiferenciando las diferencias de género. reconocimiento obtenido a duras penas como identidad y nombre social diferente de la binaridad sexual genética rígidamente establecida por el genotipo y la apariencia fenotípica.
Se cree que en el trato pronominal se identifica que no existen diferencias de trato, sino que se busca diferenciar comportamientos para que se demuestre la victimización frente a la intolerancia de la sociedad binaria.
Así nació la idea de que el homicidio de homosexuales fuera tratado separadamente en el proceso de calificación y calificación procesal penal como homofobia penal, siguiendo esta distinción de homicidio en general siendo calificado salvo las distintas categorías de fratricidio, parricidio, genocidio, sumado a las nuevas calificaciones de feminicidio, lesbicida para su inclusión en la lista de distinciones socialmente relevantes y justificadas por la gravedad de la acción delictiva.
El legislador decidió escuchar a la sociedad para destacar a determinadas víctimas de homicidio vulgar, asignando nombres específicos a tematizar, calificando la gravedad y la carga al distinguir a la víctima de homicidio como casos de fratricidio, suicidio, parricidio, matricidio, genocidio, femicidio, lesbicidio, hurto , magnicidio.
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